Bassano del Grappa es un hermoso pueblo pre-romano, habitado por lo menos desde el siglo IX a.C.. Está ubicado en el oeste del Véneto, en una posición privilegiada, a los pies del Monte Grappa (1776 m, “la subida más suave de Italia”), entre verdes colinas bañadas por el Brenta, importante afluente del Po, navegable hasta el Adriático; un peculiar “pueblo del interior con salida al mar”, que cuenta, entre otras joyas, con un bellísimo puente de madera diseñado por Andrea Palladio en 1569. Aquí, en 1912, una pareja de austriacos – Edwige Hofmann y Hermann Helm, joven ingeniero –, enamorados del lugar, decide quedarse, y ponerse a fabricar algo que en pueblo nadie hace: plumas y plumínes de oro. Hoy, Bassano del Grappa tiene unos 45.000 habitantes, y su nombre es mundialmente famoso por dos cosas: por sus finos orujos, y por sus plumas…

Text by  Alessandro Ryker (7.450 characters)
16 images by Corrado Bonora

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Fountain pens Montegrappa 1912. The Montegrappa fountain pens' factory comes up at one end of the village, over the remnants of the warehouse in the middle of the green, where Helm and Hofmann began, in 1912.

Fountain pens Montegrappa 1912. The Montegrappa fountain pens' factory comes up at one end of the village, over the remnants of the warehouse in the middle of the green, where Helm and Hofmann began, in 1912.

Montegrappa1912, historia de una pluma
La fábrica de Montegrappa surge en un extremo del pueblo de Bassano del Grappa, sobre los restos –en medio del verde– de los almacenes en los que Helm y Hofmann comenzaron. Desde su fundación ha pasado por muchas manos, y ha tenido varios nombres, pero nunca se ha movido de allí, y nunca ha dejado de fabricar plumas. Su actual director es Vladimiro Fiorese, de 45 años, véneto, ingeniero mecánico por la universidad de Pádua. Llegó aquí hace 5 años, proveniente del sector de las telecomunicaciones. “Acepté venir a Montegrappa porque las plumas tienen una valencia técnica muy adelantada, tanto en los componentes, como en las técnicas y en los métodos de producción. Puedo asegurarle que, como ingeniero, no me falta de nada”, dice, y no resulta difícil creerle, teniendo en cuenta que una pluma de Montegrappa está compuesta por entre 25 y 35 piezas. Satisfecho como profesional, pues, pero también como amante de las tradiciones de su tierra que es: “Hace dos años contraté a un empleado que, emocionado, me dijo que estaba muy orgulloso de entrar a trabajar en Montegrappa, porque tanto su abuelo como su padre habían trabajado aquí toda su vida; y ahora él…”, cuenta, y hace notar que la fábrica, que en la actualidad tiene 60 empleados, “no ha cambiado su estructura desde los años 40”.

Fountain pens Montegrappa 1912.  In 1918, young Red Cross Lieutenant Ernest Hemingway developed a liking for the Montegrappa fountain pens, with which he wrote

Fountain pens Montegrappa 1912. In 1918, young Red Cross Lieutenant Ernest Hemingway developed a liking for the Montegrappa fountain pens, with which he wrote

Cartas desde el frente
A Helm y Hofmann las cosas no tardaron en irles bien, sobre todo a partir de 1915, cuando, como de costumbre, la guerra aumentó sensiblemente la necesidad de escribir. En las crónicas de la ciudad queda constancia de que durante la Iª Guerra Mundial – al menos hasta los duros bombardeos sufridos por Bassano en 1916 – sus plumas de ebonita (sustancia dura pero frágil) y plumínes de oro se vendían como rosquillas, y que “prácticamente todos los alpini destacados en la zona tenían una”. Luego, tras la guerra, en 1918 la suerte volvió a aliarse con la pareja, esta vez en forma de un joven de 19 años, teniente norteamericano de la Cruz Roja, pero también un futuro escritor que, una vez descubiertas las plumas de Helm y Hofmann, prometió escribir con ellas todas sus obras. El chico cumplió religiosamente su promesa. Su nombre era Ernest Hemingway… Durante muchas décadas, el autor de El viejo y el mar, presumiblemente escrito con una Montegrappa, ha sido, para la fábrica, una suerte de “rostro famoso accidental, al que se acaba de añadir, por  primera vez y de forma no tan accidental, el de Paulo Coelho, imagen de la marca.

Fountain pens Montegrappa 1912. A Montegrappa fountain pen can be composed of up to 35 components. Assembly can take up to half an hour - since many things need to coincide.

Fountain pens Montegrappa 1912. A Montegrappa fountain pen can be composed of up to 35 components. Assembly can take up to half an hour - since many things need to coincide.

El nombre de la pluma
En realidad, las plumas de Hofmann y Helm no tuvieron un nombre hasta 1922, cuando por fin fundaron la Manifattura Pennini d’oro e Penne Stilografiche, que tres años después vendieron al noble empresario local, Alessandro Marzotto, y a Domenico Menea. Helm se quedó, y unos meses más tarde nació la ELMO, que, gracias a su sabiduría, siguió creciendo incluso después de 1928, cuando el ingeniero se vio obligado a abandonar la fábrica por problemas de salud. Así, en los 30 tenía una plantilla de 300 obreros, y producía para grandes empresas de seguros, bancos, industrias e incluso para el estado. De aquella época es la mítica Ducale, de celulosa marmórea, con carga de palanca lateral, con doble función de pluma y lápiz, y también la construcción del cuerpo central de la actual fábrica, nombrada “edificio de arqueología industrial del Veneto” en 1998… A lo largo de toda la 2ª Guerra Mundial, la ELMO de Marzotto y Menea abasteció Italia y Alemania tanto de plumas como de sus célebres portaminas. Pero en 1947 su almacén de celuloide, recién llenado tras la guerra, queda reducido a cenizas a causa de un incendio, lo cual, junto con la aparición del bolígrafo, provoca una crisis de la que, en 1951, surge la ELMO-MONTEGRAPPA.

Fountain pens Montegrappa 1912. Things soon started going well for Helm and Hofmann, especially from 1915 onwards, when WWII clearly increased the need to write.

Fountain pens Montegrappa 1912. Things soon started going well for Helm and Hofmann, especially from 1915 onwards, when WWII clearly increased the need to write.

Plumas de grupo
Los 50 son, para la fábrica, años de cierta concesión al mercado del bolígrafo, y mucha resistencia a perder su naturaleza ni su categoría. De hecho, su primera “estrella” de la época sigue siendo una pluma, la Montegrappa Extra, en verde oscuro de veta clara, con plumín y acabados en metal dorado… En 1963 Roberto Marzotto, hijo y heredero de Alessandro, se queda como único propietario de la empresa, y, tras 15 años más de dedicación, en 1978 la vende a un grupo de empresarios, cerrando así un capítulo familiar de más de medio siglo dedicado a las plumas. Los nuevos propietarios cambian su nombre a Montegrappa srl, y tres años después la venden a la familia napolitana Aquila, que la dirige durante casi veinte años. Con los Aquila, familia del sector, vuelve, por así decir, un necesario amor. A los Aquila se debe la lenta especialización de Montegrappa en la producción de ediciones limitadas, como la ya célebre  Reminiscence, de 1992, octagonal, en plata, con grabados en bajorrelieve y plumìn de oro, de las que sólo se fabricaron 1912 ejemplares para conmemorar el 80 aniversario de la casa; o la historiada Dragón, símbolo de la bandera china hasta 1912, diseñada por Federico Monti y realizada en tres versiones, con plata y oro; o la serie de plumas y bolígrafos dedicados al piloto de Fórmula 1 Ayrton Senna, o las ediciones para Ferrari…

Fountain pens Montegrappa 1912. Since its foundation, it has belonged to many and had several names, but it never moved from this place and has never stopped manufacturing fountain pens.

Fountain pens Montegrappa 1912. Since its foundation, it has belonged to many and had several names, but it never moved from this place and has never stopped manufacturing fountain pens.

Escribiendo el futuro
A finales del año 2000, Aquila vendió el negocio al grupo sudafricano Richemont, y es evidente que, en estos años, algo ha cambiado. Montegrappa, que en el momento del traspaso estaba presente ya en 35 países del mundo, ha aumentado su mercado a 57, y, como asegura Fiorese, “su producción ha pasado de las 35000 unidades de 2004, a las 56000 de este año”. En la nave y en las habitaciones de la fábrica, las máquinas de secado, de grabado, de pulido, no paran, mientras un pequeño ejército de hombres y mujeres montan, lijan, llenan, prueban, controlan y empaquetan frenéticamente… En cuanto a la estrategia, la filosofía de las “series de lujo limitadas” de los Aquila, no sólo ha sido adoptada por Richemont, sino potenciada; pero también han surgido dos líneas nuevas. La primera es la de las “piezas únicas”, como la Peace Pen, de 2004, una maravilla octagonal, realizada en platino y cristal de Baccarat, decorada con 1.259 diamantes y valorada en 950.000 euros. La otra, una línea que, sin perder nada de su fiabilidad, resulta más asequible, la Montegrappa Micra, que cuesta unos 400 euros. “Una pluma buena, bella, octagonal…”, que se fabrica aquí, “porque es aquí donde está la experiencia, y no tendría ninguna lógica pensar en producir en otro lugar”.….

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“Montegrappa 1912. The story of a pen”, by Alessandro Ryker and Corrado Bonora, is under Creative Commons License.
Based on a work at: http://www.presseaporter.com/wp/?p=1176