Crewe, en el verde condado de Cheshire, es la viva imagen de una ciudad surgida de la revolución industrial, en este caso de la ferroviaria. En 1840, cuando la célebre Grand Junction Railway (GJR, el primer ferrocarril de larga distancia de la historia) escogió Crewe como sede de su planta de construcción de locomotoras, el pueblo no llegaba al centenar de vecinos; a finales de la década, había allí 200 chalets, habitados por una plantilla de 1.000 trabajadores que fabricaban una locomotora a la semana; y veinte años después, Crewe tenía ya 40.000 habitantes y una importante estación, ubicada muy cerca de la Crew Hall, una de las mansiones jacobinas (siglo XVII) más destacadas del condado.
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Se añadió, en 1938, la elección de Crewe como una de las principales “fabricas en la sombra” de Rolls-Royce para la fabricación de motores para aviones de combate ante la inevitable II Guerra Mundial; de hecho, en 1943 trabajaban en esa planta unos 10.000 operarios. Tras la contienda, la doble erre (que en 1931 había absorbido la igualmente célebre Bentley) decidió seguir en Crewe, donde se han fabricado los lujosos automóviles de ambas marcas hasta su escisión, en 2002. Desde entonces, Crewe se ha convertido en… Bentley City.
Un deseo llamado Mulliner

Bentley Motors, Crewe England
Sin embargo, en la historia que nos ocupa falta todavía una protagonista clave. Nos referimos a H.J. Mulliner & Co., la empresa fundada por Henry Jervis Mulliner en 1900, que ha realizado prácticamente todos los chasis de Rolls-Royce y Bentley; una suerte de actriz secundaria (pero sólo en apariencia) que, incorporada a Bentley en 1959, está apunto de cumplir sus primeros 40 años como división de personalización de la marca británica. Dicho de otra manera: por Mulliner pasan todos los coches estándar (si cabe un termino así aplicado a Bentley) para ser modificados “a la carta” antes de ser entregados a sus propietarios; un departamento fundamental, pues su director, Andy Watt, confirma que “por aquí pasan entre ocho y nueve de cada diez coches que salen de la fábrica”. Al adquirir un Bentley, el cliente es invitado a una visita a la división Mulliner, donde como aperitivo puede elegir entre una amplísima gama de combinaciones de interiores y equipamientos.

Bentley Motors, Crewe England
“Aquí –explica Watt–, los clientes con requerimientos poco habituales pueden discutir sus ideas con estilistas, diseñadores e ingenieros en nuestro estudio, pues los colores se pueden crear al gusto del cliente y el trabajo de pintura puede igualar el brillo de una lentejuela o, como en el caso de cierta dama, el de una barra de labios. Las posibilidades son ilimitadas y las combinaciones infinitas, desde la textura de la piel a los tipos de madera, moquetas, con opciones como neveras o armarios para cocteleras, entre muchas otras. En fin, si el cliente tiene en mente algo fuera de lo común, puede exponer su idea durante la visita al estudio. De hecho, se puede decir que prtácticamente no existen dos Bentley exactamente iguales”. Los clientes pasan en Mulliner una media de entre dos y tres horas: “Pero los hay que se pasarían aquí una semana entera”, asegura Watt. “No creo que dos clientes hayan pedido jamás exactamente lo mismo”, añade. “La gente que trabaja aquí desde hace años ha oído ya tantas ideas y realizado tantas combinaciones, que casi enseguida intuyen el resultado.
Sin embargo, no estamos aquí para guiar a la gente en una dirección particular, sino para conseguir darles lo que realmente quieren. Es un doble desafío: el cliente nos desafía a realizar sus especiales demandas y nosotros respondemos cumpliendo sus deseos”. Por lo general, la potencia es la primera cuestión a discutir con los conductores que buscan un mayor rendimiento. “Cuando un motor es profundamente preparado también hay que modificar el chasis, rebajar el centro de gravedad, variar la rigidez de la suspensión y la orientación de los neumáticos, calibrar las relaciones de cambio y el sistema de dirección, modificar la suspensión y estilizar los parachoques y los escapes”.
Taller de sueños

Bentley Motors, Crewe England
En cuanto a la fantasía, en Mulliner ésta vuela libre, y pueden tardarse días en dar con la solución ideal para un cliente: solución que, por cierto, no siempre es la que él pensaba.
En este sentido, la historia de la división Mulliner está llena de jugosas anécdotas: “Hace poco, un cliente nos solicitó un coche más largo de lo habitual para recoger a sus clientes de negocios”, cuenta Trevor Gay, un mulliner con casi veinte años de experiencia. “Sin embargo, al preguntarle detalladamente sobre dónde iba a ser aparcado y sobre sus recorridos habituales, descubrimos que las medidas que demandaba eran demasiado amplias para la práctica. Calcular las medidas ideales de la distancia entre ejes y la altura del techo llevó todo un día de trabajo en el estudio: al final llegamos a la conclusión de que lo que el cliente necesitaba realmente era un coche más corto, con el techo más bajo y con el interior rediseñado. Y así se hizo”. En otra ocasión, un cliente estadounidense quiso encargar por teléfono un Bentley Azure convertible. Todo bien, hasta que le preguntaron por su estatura y averiguaron que el hombre medía más de dos metros. “Por supuesto”, cuenta Trevor, “habíamos tenido ya varios casos de conductores muy altos en el Azure y sabíamos, por tanto, que también dependía de su complexión, de la medida de sus piernas… Así que le preguntamos si alguna vez se había sentado en un Azure. El cliente decidió entonces visitarnos en Crewe y se alegró mucho de que al final le recomendásemos no comprar un Azure, sino un Continental R, al que, por supuesto, aportamos las oportunas modificaciones en el asiento”.
El color de Bentley

Bentley Motors, Crewe England
“Elegir el color adecuado también es crucial a la hora de adquirir un Bentley”, asegura Andy Watt. “Para ayudar a los clientes a decidir el color de la carrocería, en Mulliner solemos preguntarles cuánto tiempo piensan usar el coche, porque generalmente, la gente que hará uso del coche por cortos espacios de tiempo busca colores más salvajes, mientras que los que utilizarán el coche más asiduamente prefieren colores más conservadores; y a veces ni ellos mismos lo saben. En cuanto a los equipamientos, las posibilidades que ofrece la división Mulliner pueden satisfacer una larguísima lista de deseos, que pueden incluir refrigeradores, espacios para cocteleras, mesillas, pequeños armarios o incluso un dispensador de hielo, creando, según cada caso, un ambiente parecido al de una auténtica oficina móvil (con reproductores de DVD, ordenadores, faxes o teléfonos) o al de un salón de casa. “Por otra parte”, añade Andy Watt hablando de los interiores, “¿dónde pone que el tapizado deba ser en piel? ¿Y por qué no de seda o de terciopelo? Y lo mismo pasa con las maderas. La división Mulliner de Bentley es, por así decir, algo muy parecido a la casa donde se hacen realidad todos los sueños de los clientes de Bentley. Bueno, casi todos, pues hay deseos que ni siquiera nosotros podemos convertir en realidad: una vez nos pidieron un coche bañado completamente en oro, incluido el motor; y, comoquiera que llegamos a la conclusión de que jamás habríamos conseguido que todas las superficies parecieran iguales, nos negamos. Pero esto es muy poco común”.
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