John Barbour a los veinte años, es ya un brillante representante de tejidos en el norte de Inglaterra, en cuya ciudad de South Shields (en la desembocadura del navegable río Tyne) abre, en 1894, un gran bazar en la Plaza del Mercado. Es entonces –ya casado con su novia de toda la vida, Margaret Haining, y padre de diez hijos– cuando John se da cuenta de que pescadores, marineros y portuarios, parecen clamar por prendas más resistentes, que les protejan de las gélidas aguas del Mar del Norte.

Text by Alessandro Ryker
14 images by Corrado Bonora

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J. Barbour & Sons, South Shields. UK

J. Barbour & Sons, South Shields. UK

Dicho y hecho, Barbour se pone a fabricar telas enceradas para ellos, con tal éxito que su empresa, la J. Barbour & Sons (dos de sus hijos, Jack y Malcolm, son ya socios a partes iguales), se convierte en pocos años en la productora de telas enceradas más importante de la costa noreste, fabricando prendas de abrigo ya no sólo para los hombres de mar, sino también para los que viven en el campo y, en general, para todos aquellos que trabajan al aire libre. Así, a comienzos del siglo XX la funcional y resistente tela Beacon (la primera marca de la casa Barbour) es ya tan popular, en Gran Bretaña, que empiezan a llegar a la central pedidos de todas las colonias inglesas, donde los “hijos del Imperio” viven en todo tipo de climas imaginables, desde tropicales hasta árticos.

Para satisfacer la demanda, en 1908 Barbour empieza a distribuir un primer y modesto catálogo, que mejora año tras año, y que a partir de 1912, con John viejo y sus hijos ya al timón, es enviado regularmente a clientes de África del Este, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Chile, España, Holanda, Hong Kong, Jamaica, Rodesia, Nueva Zelanda… Sin embargo, el final de la Iª Guerra Mundial (que ve su traje impermeable Ursula convertido en uniforme oficial de todos los vigilantes de submarinos de la marina inglesa) trae consigo una depresión que lo arrastra todo, y que, en el caso de Barbour, dura hasta 1935, cuando el único hijo de Malcolm, Duncan, gran amante de las motocicletas, decide lanzar una línea de trajes y prendas exclusivos para motociclistas. Una idea providencial, que convierte a Barbour en proveedor, prácticamente único, de todas las escuderías inglesas durante más de cuarenta años (en la Scottish 6 Day Event de 1957, el 97% de los pilotos van enfundados en un traje International Oiled Cotton, de Barbour), hasta1977, cuando la marca decide retirarse del sector del motociclismo.

J. Barbour & Sons, South Shields. UK

J. Barbour & Sons, South Shields. UK

Pese a que Duncan es llamado a filas, la IIª Guerra Mundial ofrece a Barbour (ahora en manos de su padre y de su esposa, Nancy) también la ocasión para mejorar su Ursula, traje que, de hecho, pasa a ser adoptado por todos los miembros del servicio de submarinos británico. A su regreso del frente, Malcolm decide transformar el negocio: quiere que deje de ser exclusivamente una marca de libres proveedores de mercado, y convertirla en productora. La transformación es profunda y también larga, pero finalmente, en 1957, tras 63 años de venta al detalle y al por mayor, Barbour inaugura su fábrica de manufacturas a las afueras de South Shields. Un evento al que Duncan, su gran artífice, no logra asistir, ya que fallece dos meses antes, a la edad de 48 años, dejando la empresa en pleno cambio en manos de su esposa y de su joven hijo, John, un joven muy brillante, convertido en Director General Adjunto con 19 años pero destinado a morir prematuramente a los 30, dejando a su esposa, Margaret, maestra de escuela, y a su hija de dos años, Helen. Quedan así dos mujeres (y una tercera en camino) a la cabeza de una fábrica dedicada exclusivamente al hombre. Parece una locura, pero estamos en 1968, año de revolución, y todo es ya posible.

J. Barbour & Sons, South Shields. UK

Margaret and Helen Barbour

En los últimos cuarenta años –desde la llegada al poder de las mujeres– Barbour no ha hecho más que crecer. Tanto, que en 1981 la fábrica tuvo que ser ampliada y trasladada unos kilómetros al interior, a Simonside. Con Margaret y Helen al mando, Barbour factura en la actualidad unos 63 millones de libras al año y da empleo a 450 personas. Aunque muchos de los productos que ofrece –más de 2.000, para hombre, mujer y niños– provienen de otros lugares del mundo, sus tradicionales chaquetas y abrigos encerados siguen produciéndose exclusivamente en Simonside: un total de 100.000 al año, todos realizados, hasta el último detalle, con la antigua pericia de su larga experiencia. Chaquetas y abrigos de los que, por cierto, nadie quiere desprenderse, algo que de hecho ha generado un ocupadísimo departamento de arreglos –existen servicios de atención al cliente en muchos países que, en pocos días, enceran, arreglan y devuelven la prenda en perfectas condiciones, a precios acordes con el trabajo–, ya que en muchos casos se trata de auténticas restauraciones por las que sus románticos propietarios están dispuestos a pagar “lo que sea”. Bueno, casi todos: “El año pasado estaba pescando en el río Thurso en pésimas condiciones atmosféricas”, cuenta un cliente de la casa, B. B. Austin, en una carta de hace unos años. “Viento del norte, temperatura de unos 11º C y lluvia. Yo llevaba mi chaqueta Barbour. No recuerdo bien cuándo la compré, quizá antes de la guerra, hacia 1936. Me parece que la compré por cinco libras esterlinas y cinco chelines. De lo que sí estoy seguro, es de que la llevo desde hace muchísimos años. Adjunto una fotografía en la que aparezco junto con mi guía y el único salmón que pescamos en toda la semana. En esa ocasión me percaté de que mi chaqueta se estaba volviendo rígida, pero también de que me duraría toda la vida. Me han aconsejado enviársela para que la reparen. Conste que no tengo ninguna intención de comprar una chaqueta nueva: tengo 84 años y mi chaqueta, como ya he dicho, sigue siendo totalmente impermeable. Sin embargo, si fuera posible repararla a un precio razonable, no dudaría en enviársela… Un cordial saludo.”

J. Barbour & Sons, South Shields. UK

J. Barbour & Sons, South Shields. UK

En estos momentos, Barbour tiene ocho tiendas propias en el Reino Unido, 6 fábricas en el mundo, y presencia en 40 países, incluidos Alemania, Países Bajos, Austria, Francia, Estados Unidos, Italia, España, Argentina, Japón y Nueva Zelanda, en muchos de los cuales está considerada como la mejor marca del mundo de countrywear. Hace ya tiempo que, además de abrigos y chaquetas, el catálogo de Barbour contiene pantalones, camisas, calcetines y género de punto, siendo más reciente, aunque cada vez mayor, la atención de la marca por los más jóvenes, quienes a su vez están empezando a descubrir –según parece, con creciente entusiasmo– esta firma histórica, paradigma de negocio familiar, que lleva ya 115 años honrando y exportando los valores del British Countryside, al que la marca, nacida para unir la eficacia y la comodidad con el buen gusto, ha aportado, con gran inteligencia y agallas, cada vez más glamour.

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Barbour

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“Barbour, la ley de la resistencia” by  Alessandro Ryker and Corrado Bonora  is licensed under a Creative Commons License. Based on a work at: http://www.presseaporter.com/wp/?p=1362